La conversación entre Markus Adler, CEO de Code Gaia, y Philipp Killius (Forvis Mazars) también puede escucharse en nuestro podcast Code Green.
Resumen ejecutivo
Al principio, el Reglamento Omnibus dejó a muchas empresas en estado de shock. Hoy lo veo sobre todo como una oportunidad de aprovechar el tiempo ganado para establecer procesos y estructuras de datos. La taxonomía de la UE también sigue siendo compleja y poco querida, pero se está simplificando. La espera es peligrosa para las pequeñas y medianas empresas, ya que siguen viéndose afectadas a través de las cadenas de suministro. Los análisis de materialidad sólidos son especialmente importantes como base de cualquier estrategia de sostenibilidad. Las calificaciones son cada vez más importantes, no sólo para el mercado de capitales, sino también en el contexto B2B. También hay nuevos requisitos en las cadenas de suministro, que son especialmente cruciales para los proveedores. En el horizonte, veo los temas del clima, la biodiversidad, la economía circular y una posible reaparición de los ODS. Mi conclusión: la sostenibilidad no es un proyecto, sino un proceso. Es crucial que las empresas empiecen ahora y lo sigan con constancia.
Sobre nuestro autor
Philipp Killius es un experto en ESG y sostenibilidad con más de 20 años de experiencia. Como socio de Forvis Mazars, es responsable de sostenibilidad y ayuda a las empresas a cumplir los requisitos normativos, gestionar los riesgos y aprovechar las oportunidades mediante la transformación. Su experiencia abarca desde las PYME hasta las empresas que cotizan en el DAX, siempre con el objetivo de afianzar la sostenibilidad de forma práctica y estratégicamente eficaz. Para él, la sostenibilidad es una llamada a hacer que las empresas sean más resistentes, innovadoras y preparadas para el futuro.
ANTECEDENTES
Llevo más de dos décadas ayudando a las empresas a cumplir los requisitos normativos, gestionar los riesgos y, sobre todo, aprovechar las oportunidades mediante una transformación sostenible. Como socio de Forvis Mazars, soy responsable de sostenibilidad y tengo el privilegio de trabajar tanto con pymes como con empresas que cotizan en el DAX. Para mí, la sostenibilidad es mucho más que una profesión: es una vocación.
En mi conversación con Markus Adler en el podcast, hablé de muchas novedades actuales: desde el Reglamento Ómnibus hasta la taxonomía de la UE, el doble análisis de materialidad y las calificaciones ASG, pasando por las próximas tendencias. Me gustaría reproducir este intercambio aquí, sin resumir pero de forma estructurada, como una visión de mi práctica diaria.
Índice
Omnibus y el futuro de los informes ESG
El Reglamento Omnibus ha sacudido el mundo ESG. Muchas empresas se vieron inicialmente sorprendidas y reaccionaron con incertidumbre. El estado de ánimo fluctuó entre la frustración y un sentimiento de conmoción. Sin embargo, ahora está claro que Omnibus no es un freno, sino un cambio. Se está dando tiempo a las empresas.
La cuestión es cómo se utiliza este tiempo. Veo claramente dos bandos. Por un lado, están los “verdaderos creyentes” que persiguen sistemáticamente la sostenibilidad independientemente de los plazos reglamentarios. Por otro lado, hay empresas que antes solo informaban por obligación y ahora están reduciendo su compromiso. Por mi experiencia en consultoría, sé que la mayoría de nuestros clientes utilizan el tiempo que han ganado de forma constructiva. No sólo se preocupan por cumplir los requisitos formales, sino que también analizan sus procesos, su entorno de datos y sus modelos de negocio. Se preguntan cómo pueden posicionarse más allá de la obligación de informar, y esa es exactamente la actitud correcta.

La sostenibilidad no es un proyecto con principio y fin, sino un proceso continuo. Hace que las empresas sean más resistentes, más innovadoras y más atractivas, tanto interna como externamente.


Philipp Kilius
Socio y Director de Sostenibilidad/ESG de Forvis Mazars en Alemania
La taxonomía de la UE: un reto y una oportunidad
A casi ninguna empresa le entusiasma la taxonomía de la UE. Se considera burocrática, difícil de entender y poco práctica. Las mayores dificultades no residen en identificar las actividades económicas afectadas, sino en evaluar su conformidad. Los criterios técnicos son complejos, no siempre claros y dejan margen a la interpretación.
También existe el problema de la calidad de los datos. Muchas empresas simplemente no disponen de la información necesaria para aportar pruebas fiables de cumplimiento. La situación se vuelve especialmente crítica cuando faltan datos de filiales o cadenas de suministro internacionales: fuera de Europa, el término “taxonomía” suele recibirse con incomprensión.
Al mismo tiempo, la taxonomía obliga a las empresas a examinar detenidamente sus cadenas de valor. En este sentido, también se puede ver un aspecto positivo. También hay ciertas simplificaciones con Omnibus: Los umbrales de materialidad se han elevado, los formularios de información se han hecho más claros y se ha omitido la información adicional sobre el gas y la energía nuclear. Esto hace que la aplicación sea más práctica, pero el reto fundamental persiste.

El doble análisis de materialidad es la pieza central de toda estrategia de sostenibilidad. Determina qué temas son realmente relevantes para las empresas, hoy y en el futuro.

Por qué las PYME no deben esperar
Muchas pequeñas y medianas empresas esperan no verse afectadas por los umbrales más elevados. A primera vista, esto es cierto, pero sería una ilusión peligrosa. Porque aunque no estén formalmente obligadas a informar, sus clientes, bancos o socios comerciales les pedirán datos ASG. Si no tienen las respuestas, corren el riesgo de perder pedidos o asociaciones.
También hay argumentos económicos de peso: La sostenibilidad ayuda a reducir costes, por ejemplo mediante la eficiencia energética. Refuerza el atractivo de la empresa como empleador, especialmente para las generaciones Y y Z. E impulsa la innovación al analizar críticamente y seguir desarrollando modelos empresariales. Además, impulsa la innovación al analizar críticamente y seguir desarrollando los modelos empresariales.
Por tanto, mi consejo a las PYME es claro: aprovechen el tiempo que han ganado. Continúen con las iniciativas que han puesto en marcha. Aclare su nivel de ambición: ¿quiere ser pionero, seguidor o le basta con cumplir? Y sobre todo: implique a sus empleados. Quedarse parado sería el mayor peligro.
Análisis de materialidad como base
Para mí, el doble análisis de materialidad es la pieza central de toda estrategia de sostenibilidad. Determina qué temas son realmente relevantes para las empresas, tanto por su impacto en el medio ambiente y la sociedad como por su importancia financiera.
El proceso comienza con una amplia recopilación de temas, orientada al sector, los competidores y las asociaciones. El siguiente paso es analizar la materialidad del impacto, es decir, los efectos sociales y ecológicos de las propias acciones de la empresa. Paralelamente se evalúa la materialidad financiera: ¿Qué temas albergan riesgos u oportunidades para la empresa?
La participación creíble de las partes interesadas es crucial. Las encuestas digitales pueden proporcionar rápidamente una base amplia, mientras que las entrevistas personales permiten profundizar más. Estos elementos básicos crean una imagen sólida que sirve de base para los objetivos, las medidas y las cifras clave y, por tanto, establece la dirección estratégica para los próximos años.
Finanzas sostenibles y calificación ESG
Las calificaciones ya no son un tema de nicho, sino un factor clave para la obtención de capital y la reputación. Ya sean bancos, inversores o socios comerciales, todos utilizan las calificaciones ESG para evaluar el comportamiento de las empresas en materia de sostenibilidad.
Hay que distinguir entre las calificaciones orientadas al mercado de capitales, como las de Moody’s o Morningstar, y las orientadas al B2B, como EcoVadis. Es importante elegir el grupo objetivo y la calificación adecuados. Quien inicie una calificación sin estar preparado se llevará una decepción. Las políticas, los datos y la documentación deben estar listos de antemano. Se acabaron los días en los que bastaba con realizar una calificación a modo de prueba.
Veo que las propias agencias de calificación están siendo reguladas de forma más estricta, con las palabras clave del lavado verde y la Directiva de la UE sobre Alegaciones Verdes. Pero eso no cambia su importancia: una buena calificación ESG refuerza el acceso al capital, facilita las conversaciones con los inversores y también es cada vez más demandada en las cadenas de suministro.
La regulación de la cadena de suministro y el papel de las PYME
La Ley de la Cadena de Suministro no sólo afecta a las grandes empresas, sino también a sus proveedores en particular. Para muchas PYME, es crucial establecer estructuras en una fase temprana para asegurar su posición en las cadenas de suministro.
El primer paso es definir claramente el nivel de ambición: ¿quiere cumplir requisitos puramente normativos o dar forma proactiva a la sostenibilidad? A continuación se trata de los recursos: ¿qué se puede hacer internamente y dónde se necesita apoyo externo?
La recogida de datos es especialmente importante. No basta con listas de Excel una vez al año. Los datos sobre sostenibilidad deben recopilarse con regularidad, preferiblemente de forma automática, e integrarse en los sistemas de riesgo y gestión existentes. Es igualmente importante definir claramente las responsabilidades y anclar la sostenibilidad en la organización, ya sea a través de un responsable de sostenibilidad o de comités que se ocupen regularmente de estos temas.
Tendencias en el horizonte
Cuando miro hacia el futuro, veo varias cuestiones importantes. El clima sigue siendo el campo dominante: las empresas tienen que medir las emisiones de CO₂, desarrollar estrategias e introducir sistemas con apoyo informático para seguir los progresos. La biodiversidad es cada vez más importante, no solo debido a la normativa europea, sino también a escala mundial. La economía circular actuará como motor de la innovación, no solo en términos de envasado, sino también en el rediseño fundamental de productos y procesos.
También creo que los ODS volverán. Hace unos años estaban en boca de todos, pero desde entonces han caído un poco en el olvido. Pero cuanto más nos acercamos a 2030, más se refuerza la cuestión de la rendición de cuentas. Las empresas que comunican hoy su contribución a los objetivos mundiales pueden posicionarse claramente, no solo como una obligación, sino también como una oportunidad de diferenciación positiva.
Conclusión
La sostenibilidad no es un proyecto con principio y fin, sino un proceso continuo. Hace que las empresas sean más resistentes, más innovadoras y más atractivas, tanto interna como externamente.
Por tanto, mi llamamiento a todas las empresas es el siguiente: pónganse en marcha si aún no lo han hecho. Utilicen el tiempo que Omnibus les ha proporcionado y tengan el valor de buscar apoyo cuando sea necesario. La sostenibilidad no es un fin en sí mismo, sino una oportunidad estratégica. Para mí, es una vocación acompañar este viaje, y estoy convencido de que juntos no sólo podemos hacer avanzar a las empresas, sino también a nuestra sociedad y al medio ambiente.




